¿Cuantas veces has dicho “sí” y esa no era la respuesta que querías dar? ¿Cómo es que es tan difícil mostrar tu punto de vista cuando eso supone decir que “NO” a la persona que tienes delante? ¿Qué pasa cuando dices no? ¿Qué miedos se despiertan?

Al final del artículo te propongo una serie de pasos que te ayudarán a empezar a decir “NO” cuando realmente lo quieras decir.

¿Por qué es tan difícil decir “NO”?

Decir no te enfrenta con la respuesta que puedes provocar en el “otro”, en la persona o personas que tienes enfrente. Dependiendo de tu carácter eso puede activar una serie de miedos que dificultarán que puedas decir “NO”.

Estos son los miedos que se activan cuando dices “NO”

Decir “NO” te pone en contacto con el miedo al rechazo y el abandono.

  • Si dices “NO” aparece el fantasma de que se enfadarán, de que te dejarán de querer, o de que al final esa persona te abandonará. Ése es el mayor de los miedos que aparecen y también del que menos nos damos cuenta.

Decir “NO” te puede suponer despertar el miedo a agredir o ser agredido/a.

  • Es posible que tengas asumido que si dices «NO» agredes a la otra persona. Si esto es así, lo que está ocurriendo es que estás dando más importancia al otro que a ti mismo. No poner límites es sencillamente una agresión contra ti mismo/a.
  • También es posible que si dices “no” surja el miedo de que te agredan, que te griten, te menosprecien o incluso te golpeen. Es importante en este punto darnos un momento para comprobar si este miedo es fundado o infundado. Si el peligro de agresión es real, recomiendo que acudas a un servicio especializado donde puedan ayudarte.

Decir “NO” te conecta con el miedo a dañar la autoimagen.

  • Decir “NO”  significa poner un límite a la otra persona. Es decirle no voy a tolerar esta actitud o, no estoy dispuesto/a a hacer o pasar por esto otro. Poniendo este límite es posible que sientas que no eres tan agradable, especial, eficaz, simpático/a (o cualquier otro adjetivo) como te gustaría poder mostrar a la otra persona. Se tambalea la imagen ideal que te gusta mostrar. Por  otro lado, lo que ocurre si dices “NO” cuando quieres decirlo muestra algo que es REAL.

Decir “NO” suele despertar la culpa por no estar haciendo lo que se supone que “deberías hacer”.

  • Hemos sido educados más en lo que deberíamos hacer que en tener en cuenta nuestras  necesidades. Estamos más educados en el deber que en el respeto a la necesidad. Por lo tanto si diciendo “NO” estás contradiciendo algo que “deberías estar haciendo” el resultado es que te sentirás culpable. Que te sientas culpable, desde mi manera de verlo, es un precio más que razonable por hacer lo que realmente quieres hacer. Si  actúas por no sentirte culpable, nunca vivirás realmente tu vida, sino la que se “supone que deberías”.

Todo esto hace que decir “No” muchas veces sea una tarea bastante difícil. El camino es lento y pasa por ir poco a poco entrando en contacto con nuestras necesidades, aceptarlas, poderlas expresar y por último sostener el miedo y la culpa que generará nuestro «NO». Lo más importante, es que el premio es el de poder vivir la vida que quieres.

Aquí te dejo unos pasos que te pueden ser muy útiles a la hora de enfrentarte con un “NO”

Intenta no responder inmediatamente.

  • Tómate algo de tiempo. Esto lo puedes considerar como un paso previo, igual no es posible en todas las situaciones pero te dará algo de tiempo para considerar qué respuesta vas a dar. Si habitualmente dices “sí” casi de manera automática, te puede ser muy útil posponer unos minutos u horas tu respuesta. Frases como “no sé qué haré ese día”, “luego te digo algo”, “espera un momento que lo tengo que consultar”, “miro la agenda y te doy una respuesta” te darán algo de tiempo para dar una respuesta más acorde con lo que necesites en ese momento.

Pregúntate si lo quieres hacer.

  • En este punto es importante darse tiempo para sentir si te apetece o no lo que te están proponiendo. Sobre todo ten en cuenta tus necesidades, tus limitaciones (si estás cansado/a, si realmente lo puedes hacer) y si es algo que te gusta o no. Fíate de tus sensaciones y tente en cuenta. Si es un esfuerzo, seguramente no lo quieres hacer.

Decide.

  • Si has tenido en cuenta tus necesidades, aun así tienes que decidir si lo harás o no. Si dirás “sí” o “no”. Sopesa pros y contras y luego decide. Lo más importante es que la decisión sea tomada conscientemente, sabiendo qué implicaciones y consecuencias tiene. Así te haces responsable de tu decisión.

Comunica tu decisión.

  • Este es el momento temido. Cuando le trasladas el “NO” a la otra persona. Quizás sientas que lo estás agrediendo, o que se puede enfadar, o que su opinión hacia ti puede cambiar o pensar que no eres tan “buena persona” como se supone que deberías ser o simplemente te enfrenta al hecho de que te puedan dejar. Es el momento de que des el gran salto y empieces a reclamar tus necesidades, reclamarte a ti. Tus necesidades son tan importantes como las de cualquier otro.

Sostén la culpa y el miedo

  • Sostén la culpa y el miedo que genera que el otro no nos vea tan amables o considerados como le tienes acostumbrado/a o, que se pueda sentir “agredido”. Esto te abre la posibilidad a situaciones nuevas. Situaciones en las que has entrado por propia voluntad, no por inercia y en las que podrás defender tu punto de vista.

Disfruta de tu decisión.

  • Si has dicho “sí” cuando lo querías decir, perfecto. Si has dicho “no” cuando lo querías decir perfecto también. Disfruta de ese momento. Te has tenido en cuenta, te has respetado y has podido estar delante de otra persona de igual a igual. Has dado un gran paso, así que disfrútalo.

Es muy posible que no seas capaz de poner todos los pasos en marcha desde el primer momento. No te preocupes. Lo importante es que vayas tomando conciencia de dónde está tu dificultad, si lo que te cuesta es saber tu necesidad, decidir o sostener el miedo o la culpa de no “hacer lo que se supone que tienes que hacer”. Seguramente llevas muchos años actuando de una cierta manera y este tipo de cambios no se hacen en un día. Ten paciencia y sobre todo no te castigues si no sale a la primera (o la segunda, o la tercera…)

En el momento que eres consciente de dónde está la dificultad, puedes empezar a superarla. El primer paso para vencer una dificultad es reconocerla.

Y recuerda, decir no supone decirle al otro: soy tan importante como tú.

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Imagen: Nerea Plazaola